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sábado, 16 de junio de 2018

El oso panda y sus cosas



La vida del oso panda es envidiable. Puede que, desde fuera, parezca aburrida, sin hacer otra cosa que estar recostado contra una piedra, zampando cañas de bambú. Pero, todo esto es, en el fondo, mucho más complejo.  
El oso se encuentra, casi siempre, en un estado de aislamiento mental. Hablo, lógicamente, de los pandas que viven en el Zoo, porque no tengo ni idea del comportamiento de los que habitan en China.
El oso panda que vive en cautiverio, está más cuidado que los pollos de corral, sobre todo porque éstos acaban colgados en la pollería. En cambio, el simpático oso, recibe las atenciones constantes del personal del zoológico, ya que es una de las estrellas importantes del mismo. Y mientras se pega sus homenajes, está a lo suyo, ausente, a pesar de las miradas de aquellos visitantes que se quedan mirando como lerdos.
Seguramente, el oso, se cachondea de todo el mundo, porque vive mejor que nadie. A él no le afectan las crisis, ni los cambios de gobierno, ni la subida del IPC. Al oso, todo eso, se la suda. De hecho, cuando se digna a mirar a alguien de reojo, al tiempo que mastica los palos verdes, puede apreciarse en su mirada un recochineo sobrenatural. Y no es para menos.
Mientras los humanos luchamos con uñas y dientes por sobrevivir en un mundo de locos, el oso panda gasta su tiempo en comer, dormir y echar caliqueños, gracias a los cuales, nacerán más osos que vivirán a cuerpo de rey. El resto de sus horas, las usará para aliviar su cuerpo, allá donde le dé la gana, pues no tiene que inquietarse siquiera por tirar de la cadena.
En definitiva, el oso panda es un crack. Se lo ha montado de fábula. 
¡Ole tú, querido!



sábado, 5 de agosto de 2017

El Oso Panza (digo Panda)


Tan tranquilo, el Oso Panda se sienta al sol, recostado sobre un tronco poco anatómico, pero le vale. Cuando está rodeado de bambú, el mundo deja de existir para él. Aunque tenga alrededor un enjambre de personas viendo cómo se aprieta el aperitivo, le da lo mismo. Y mientras dura su tentempié, mastica, escupe, se estira, bosteza y sigue. Es una especie de saco sin fondo, mullido y aparentemente suave, puesto a dedo en el mundo para adornar con su belleza y hacernos sonreír. No digo que sea un santo, porque tiene su buen genio, pero mirarle mientras come, tan apacible y relajado, hace que esa calma contagiosa nos alcance.

domingo, 2 de abril de 2017

¿Quién se ha llevado mi bambú?

El listillo que se ha atrevido a levantarme el desayuno, se va a enterar. Para un aliciente que tengo al despertarme, y me encuentro con que mis cañas han volado. Algunos deberían esconder sus manos en los bolsillos, o meterlas en el lugar más oscuro que tengan cerca. No hay derecho, hombre. Ahora tengo que trepar por este árbol, y aguantar el escozor de las ramas secas en mis zonas más queridas, por culpa de un chorizo que se llevó mi manduca. Y aquí arriba no hay nada; ni una triste fruta pocha que llevarme a la boca. Pero eso sí: como vea desde aquí pasar por debajo al culpable, le va a hacer falta una buena ducha, porque no me voy a cortar un pelo. Soy como un reloj, y mi vientre ya está sonando.  

Coco