¿Dónde va
Vicente? Donde va la gente. Pero no creo que este pato se llame Vicente, aunque
no tenga el gusto de conocerle. Es más, sospecho que se aleja del gentío, y
cuando ve la oportunidad, se cuela en la piscina para estar a la fresca, que se
agradece. Y allí, en soledad, se acicala el plumaje con su pico, de forma muy
apañada. Desconozco si guarda un tiempo entre comidas, por ese pequeño asunto
de los cortes de digestión, pero se le ve a sus anchas, nadando en el agua y
pensando en sus cosas. Cuando se cansa, eleva el vuelo y desaparece,
seguramente para continuar con su extenuante jornada en cualquier otro lugar
donde, con la gracia de los patos, seguir reposando su lozano cuerpecillo al
escaso biruji del verano.
Vivir es el arte de dibujar sin un borrador. https://www.instagram.com/deif_k53ro/
domingo, 5 de julio de 2020
martes, 30 de junio de 2020
Silencio
Poco se oía, o nada. Si acaso, un lejano susurro, que bien podía ser el viento, que me decía, cálidamente, que alejarse del bullicio reconforta el alma. Y allí, a lo lejos, unas cuantas vacas, a lo suyo, como debe ser, disfrutando de esa tranquilidad que el campo regala.
Fresco veraniego
Si hay algo que buscamos con ansia en estos días de calor
es, sin duda alguna, el fresco. Pero no uno cualquiera, sino aquel que nos
proporcione bienestar en cada rincón de nuestro ser, y mejor todavía si nos
llega en forma líquida. Porque no es racional soportar estas temperaturas sin
estar hidratado, ya que el cuerpo tiende a arrugarse, y no es necesario comprar
boletos para que nos toque ser una pasa antes de tiempo. Beber es esencial para
la vida, y en tiempos así, más. Por eso debemos llevar siempre a cuestas una
buena botella de agua, como mínimo, para apaciguar los sofocos que se tornan
insoportables con semejante infierno.
sábado, 16 de mayo de 2020
Loros, cacatúas y guacamayos, regalaron un festín de colores
que resplandecieron en la gran celebración. Celedonia, la bella cacatúa que hacía
caer de rodillas a más de un pretendiente, encandiló al loro Filomeno, y como
no podía ser de otra manera, rendido se postró ante la extensa policromía
repartida en su plumaje. Y como ella tenía un pico de oro, se llevó al huerto
al lorito, que no rechistó.
Unos pájaros de altos vuelos se reunieron allí, entre
el calor de las lianas y las más exóticas plantas elegidas para el evento. Un
éxito.
Mauricio
Tan ricamente se encontraba Mauricio, sintiendo el sol de primavera,
con regio semblante y mente vacía, pues nada más necesitaba que el silencio paseando
entre unas hojas, raídas por molestos pulgones, que en grupo se merendaban
hasta las ramas caídas de árboles tempranamente pelados. Pero Mauricio, a lo
suyo.
viernes, 15 de mayo de 2020
Los sonidos del viento
Callejeando por cualquier lugar de este país confinado, a
unas horas en las que todavía se permite hasta el paso menos ligero, la alegría
de unos tiempos que casi pertenecen a antaño ni se vislumbran. Es cierto que,
de vez en cuando, unos pasos rompen la calma que con eco retumba, y aunque uno
se gire para volver a admirar el encanto de la gente en sus paseos, nada tiene
que ver con lo que hay ahora. Tremendo aburrimiento, según algunos, aunque yo, sinceramente, agradezco estos días de silencio, donde hasta los sonidos más lejanos se
dejan traer por el viento. Ya regresarán los bullicios, supongo.
martes, 28 de abril de 2020
Lo que viene
Miro a través de los cristales, y veo a unos niños
corretear, como si jamás lo hubieran hecho antes, y hubiesen descubierto la magia
del movimiento hace un cuarto de hora. Euforia al cubo es lo que se aprecia
desde este mirador, además de algunos gritos que, en ciertos casos, se hacen
imprescindibles para quien los emite. La lejanía que debe mantenerse entre
personas obliga, en ciertos momentos, a comunicarse como los antiguos, dejando
la calle desnuda entre medias. Desde una acera a la otra, las voces, en ciertas
situaciones indescifrables, rompen el sueño de quienes pretendían aprovechar el
tiempo en plena siesta. Y es entonces cuando las alteradas víctimas
encolerizan.
Pero más allá de estos episodios, vivimos una temporada en
blanco y negro, respirando una atmósfera sosegada que rompe nuestra calma
cuando empezamos a pensar. Los tiempos que galopan están envueltos en drama, y
nadie sabe cuántos acabarán cayendo ante la escasez. Vivimos el goteo del
deceso diario, que empaña y oscurece las vidas de quienes quedan. Y el futuro
que nos viene no puede ser peor.
Ante un horizonte tan sombrío, deslizamos las cortinas, asomamos
la mirada y sonreímos por la alegría de esos niños que pasean su entusiasmo bajo
nuestro balcón.
En remojo
La gente lleva lo mejor que puede el asunto del
confinamiento. Parece que van a ir levantando el castigo, y se va a poder
salir, poco a poco, pero con todas las precauciones. Claro que, siempre habrá
quien se salte las normas, y vaya haciendo el cafre.
El tiempo parece que acompaña, aunque en ocasiones caen
algunas lluvias que refrescan más de la cuenta el ambiente, y llevar manga
corta supone un riesgo. Pero no para todos.
Eutiquio, el rinoceronte de la imagen, no tiene preocupación
alguna con las mangas cortas, ni con ninguna otra prenda, por muy bien que le
pudiera quedar. Él solo quiere estar en remojo, y hace muy bien. Se pasa las
horas muertas en el agua, y cuando se aburre, sale y se queda frito. Ese es su modus
operandi.
Como cabras
Las cabras de Villabotija son muy suyas. Nadie puede abrir
la boca sin que protesten, aunque no vaya con ellas, y los lugareños ya ni las
mentan. Gustan de ir en grupo a los sitios, y la cuarentena no ha servido para
frenar los impulsos viajeros de estas bellas damas, a las que, por cierto, les
podía haber caído unas cuantas multas por desplazamientos indebidos. No
obstante, la suerte que tienen todas ellas es que las sanciones no llegarían a
ningún destino, pues no están censadas, además de ir indocumentadas. Y cuando
la autoridad ha intentado detenerlas, han puesto el turbo, y nadie puede
pillarlas en lo alto de un risco, desde el que se cachondean de todo el mundo.
Estas cabras van por libre, y así, no se puede.
Aquí ni pica nada
Pepe no pesca nada. Su amigo, tampoco. llevan más de dos
horas y cuarto sentados al sol, con las cañas ya temblorosas, resbalándose
entre sus dedos sudados, pringosos como el membrillo. Los peces brillan por su
ausencia, y los chavales han comenzado a cuestionarse si el agua también está en
cuarentena por culpa de la pandemia.
Su rincón, el de ambos, que linda con un tramo de agua de
mar, no luce transparente, quizá por el revuelo de la vida marina y su
estampida. Ni siquiera agudizando la vista se ve nada que se agite, y a pesar
de las horas, los dos ingenuos albergan todavía un absurdo optimismo ante lo
que más parece un charco inerte.
El cielo se encapota por momentos, y lo que van a pescar
esos dos es un catarro de órdago, si se descuidan. Después, llegarán las
molestias, la fiebre, y los sustos.
Más vale prevenir.
Los riesgos de ponerse fino
El oso panda, cuyo nombre desconozco, pues peca de
reservado, se esconde tras los matojos para ponerse fino. Su menú especial,
además de su preferido, es el bambú. No se molesta un ápice en cocinarlo, ni
siquiera en adornar su sabor con alguna especia de mercadillo, pues el oso es
de gustos sencillos. También puede ser que el pobre sufra de hernia de Hiato, por
lo que no tiene más remedio que apretarse los palitos verdes, así, a palo seco,
sin guarnición.
La osa que tiene a su vera, a la que tampoco he tratado, escudriña
con atención cada movimiento de su igual, por si acaso tiene la suerte de
caerle un cacho de planta con la que quitarse cierto amargor. Pero, por ahora,
no parece que vaya a pasar, pues el oso tragaldabas calcula muy ben sus bocados
sin desperdiciar nada. Además de ahorrador es egoísta, qué duda cabe.
Por tanto, la osa, que de tonta no tiene un solo pelo, se
está planteando lanzar su zarpa bajo los matorrales y, reptando como una
culebrilla de charca, alcanzar con sus largas uñas alguna zona del congénere que
le haga entrar en razón. Puede que un viaje a la comarca genital le haga al
otro ser algo más generoso.
Manolito, el primate.
Un confinamiento no es algo apetecible, sobre todo para
aquellos que gustan de salir, por ejemplo, a deleitarse con una buena bebida
refrescante, acompañada, quizá, de algo para picar. Tampoco lo es para los
niños, que se suben por las paredes, igual que hacen los padres, ante el enorme
despliegue de gritos y golpes que soporta cualquier casa que los alberga. No es
para menos, por tanto, pensar que un encierro obligado por culpa de una pandemia,
es mucho más que algo aburrido; es insoportable cuando se dilata en el tiempo.
Hay quien tiene suerte, por poder moverse a sus anchas, si
su lugar de residencia es amplio. En cambio, existen sufridores que se han de
mover en espacios mucho más escuetos, y algunos sin apenas luz o ventilación.
Los de este último apartado son, sin lugar a dudas, unos mártires en potencia.
Pero el caso de Manolito es bien diferente, pues goza de la
serenidad que puede respirarse en las afueras, y la holgura que su parcela le
otorga. En su arbolito, lugar donde pasa largas horas pensando, se estira, y
con la mirada perdida, pero sin escatimar en agudeza, planea nuevas posiciones
para relajar su enjuto y peludo cuerpo sobre la desgastada corteza. Sin mirar
el reloj, pues no usa, nebuliza los efluvios que el viento le lleva, mientras
su estómago está al tanto de lo que falta para darse un buen homenaje.
Manolito es, además de parco en palabras, un tragón. Y hace
bien.
lunes, 16 de marzo de 2020
Covid 19
Tanto si el Coronavirus nació en una probeta de laboratorio,
como si es resultado de la ingesta de murciélagos en las dietas de los chinos,
lo cierto es que la pandemia es un trágico hecho que se está llevando las vidas
de muchas personas de este mundo.
La ciencia trata de avanzar en la búsqueda de una solución
al desgraciado acontecimiento, que no hace más que aumentar, ya que los
contagios siguen disparándose por todos los lugares del planeta y, en gran
parte, por culpa de la imprudencia de aquellos (y aquellas) que se saltan a la
torera lo que entienden por algo nimio.
Por cierto, que, si hablamos de “infectados”, también
debemos expresarlo en femenino, dada la fijación que muchos (y muchas) tienen
por colar en todas partes, con la moda del lenguaje inclusivo. Parece que,
curiosamente, cuando se trata de algo negativo (como lo es portar una
enfermedad) se obvia, como por arte de magia, el famoso lenguaje, y todo pasa a
tener un género masculino. Cosas del fanatismo.
Pero volviendo al asunto del Covid-19, sería irracional
mirar hacia otra parte, como si el tema no fuera con nosotros, ya que el
pronóstico económico, incluso a corto plazo, no puede ser peor. Y no es para
menos, debido a las cantidades ingentes de dinero que se están perdiendo,
mientras nos encontramos a buen recaudo en nuestras casas (y menos mal), sin
poder, en muchos casos, hacer otra cosa que esperar, rodeados de paciencia.
No se puede tener todo. No es posible hacer una tortilla sin
romper los huevos, por lo que el esfuerzo (ahora, titánico) que todos debemos poner
en práctica, ha de servir para algo; desde la máxima precaución al poner un pie
en la calle, para ir a comprar comida, o medicamentos, hasta cuidar de los
nuestros bajo el mismo techo para que nadie enferme, todo ello, de manera
constante y sin saltarnos el sentido común. De nada sirve hacer las cosas bien
dos días, para errar el tercero. Y es que el ser humano necesita comer e
hidratarse, por lo que es inviable pretender encierros perennes, y, por tanto,
alguien debe adquirir provisiones para poder subsistir. Eso es de cajón.
Pero lo que no tiene sentido es ponerse a dar vueltas por la
calle, o tumbarse sobre el césped de un parque a tomar el sol, quizá comprometiendo
a los demás, si quien lo hace está infectado (y ya no digamos retirar vallas o
negarse a colaborar cuando la policía así lo requiere) porque, además de estar
prohibido, las autoridades pueden (y deben) plantar un multazo que deja
tiritando al más pintado. Esa es la única manera con la que muchos descerebrados
parecen aprender.
Cuando nos encontremos de camino, en busca de alimentos o
medicinas, las manos han de estar cubiertas por unos guantes desechables, que
nos protegerán de rozar posibles porquerías contaminantes. Y a la hora de quitárnoslos,
hacerlo sin tocarnos la piel con la zona expuesta (hay hasta tutoriales en
Internet) Después, lavarse las manos a conciencia, y si no tenemos agua ni
jabón, limpiarnos con los geles especiales (de los que apenas quedan en las
farmacias)
Las mascarillas no han de llevarse en el bolsillo, sino
puestas, y descartarlas tras su uso. Todo puede ser infectado, motivo por el
cual, es importantísimo no llevarse las manos a la boca, nariz u ojos. Es fundamental
tener amplio avituallamiento en las casas, para no estar con la preocupación por
si se terminan sin darnos cuenta. Hay que ser previsores.
El gobierno está solicitando, en algunas zonas de España,
donaciones de particulares para cubrir la escasez existente en hospitales. Por
eso, muchas personas que disponen de mascarillas o guantes, deciden cederlas
para que los sanitarios puedan protegerse adecuadamente, dada la considerable
carencia de suministros a la que se está llegando. Eso sí, todos esperamos que,
si el gran Amancio Ortega decide realizar donativos, no sean repudiados, como
sucedió anteriormente con las donaciones de equipos de diagnóstico para el
tratamiento contra el cáncer para la sanidad pública. Esas cosas solo suceden
cuando los que critican están llenos de veneno y no tienen demasiadas luces.
Dicho esto, ojalá que pronto comience a aminorar esta pesadilla,
y vaya desapareciendo sin dejar más rastro que las fatales pérdidas producidas.
Todos esperamos la llegada de un halo de luz que alumbre este oscuro e incierto
camino de riesgo y dolor.
miércoles, 4 de marzo de 2020
Pasear por Ávila
Pasear por Ávila es, sin duda alguna, dejar que la historia
nos sorprenda a cada paso. No hay un solo resquicio que no abunde en la memoria
del tiempo, para profundo agrado y asombro de quien se siente fascinado por las
huellas de tantas épocas impresas en piedra.
Loros o Cotorras
Hay notoria diferencia entre un loro y una cotorra, aunque a
veces la duda invada. Lo mejor para salir de dudas es meterse en Google e
informarse. Pero no siempre es fácil guardar la calma con los sonidos que
emiten por una parte y por la otra, sobre todo cuando se trata de pajarracos de
dos patas, por decirlo de alguna manera, que machacan a quien tienen cerca con
sus (con perdón) paridas, que no suelen ser pocas. Se las ve llegar, por mucha
distancia que haya entre medias, ya que su revoloteo saca de quicio incluso con
un buen trecho. En distancias cortas, y sufridas, lo mejor es salir por patas, ya
que, si caes en sus redes, estás perdido.
Algo parecido sucedió en un lugar de La Mancha, cuando las
inquietantes figuras de la imagen (que de frente intimidaban hasta el pánico)
se acercaron con claras intenciones de soltar terroríficos sermones mojigatos,
de esos que activan la hernia de hiato y tuercen por completo un día de
bienestar. A una de ellas, por cierto, le hedía su pozo peor que una cloaca, y
hasta cinco mosquitos pude contar, mientras salían de aquella especie de boca del
infierno.
Con esto del Coronavirus (del que se habla sin descanso en
todas las cadenas televisivas) se prefiere la precaución, no sea que un pollo
de loro (o de cotorra) aterrice demasiado cerca, con el peligro que entraña
semejante bombardeo. Pero ante todo está el sentido común, que le habla a uno y
le avisa: “ Cuidado con el lorito, que sus pollos te dejan frito” Y eso sí que
no.
lunes, 2 de marzo de 2020
Asombroso Madrid Vacío
No es frecuente encontrar Madrid sin nadie. Diría que se
trata de un hechizo lanzado por alguien que sabe de magia, pero de la buena. Resulta
reconfortante pasear por una ciudad que, por regla general, regala la asfixia a
quien la “patea”, pues no es habitual dar cuatro pasos seguidos sin chocarse
con quien venga de frente. Claro está, no toda esta metrópoli es un hervidero,
pues todavía existen zonas de relativa calma, pero aquellos sitios destinados
al desgaste de la suela y la mirada perdida, embetunan los nervios de un malestar
oscuro como el chapapote, denso e incómodo.
La imagen de Madrid sin gente aporta un placer desconocido,
que en muy contadas ocasiones se puede percibir en la capital de España. La ausencia
de bocinas, griteríos y ambiente cargado en general, deleita a quien tiene la
fortuna de encontrar así esta enorme ciudad.
Venecia, vacía.
Sin restarle un ápice de importancia al famoso Coronavirus,
porque tenerla, la tiene, no se puede negar el bombardeo constante que los
Medios de Comunicación (a veces, de “Desinformación) ofrecen a la audiencia,
sin dar tregua. Rara es la vez que, al encender un televisor, o pulsar el interruptor
de la radio, no encontramos la misma noticia que últimamente, sin dar lugar al
descanso, se pasea por todas partes. No cabe duda que esta situación pone en
jaque a la economía. Que se lo digan al sector turístico, que sufre la
desbandada de visitantes, incluso en zonas donde el periplo de excursionistas
es más abundante. Un claro ejemplo es Venecia, donde ahora mismo, las góndolas esperan
vacías, atadas a los muelles, presenciando los desérticos canales que,
habitualmente, rebosan toda clase de viajantes. Una lástima. Una visión
inaudita. Una situación insólita que, esperemos, no dure demasiado. Mientras
tanto, ojalá que la buena salud combata y gane la batalla contra el virus que,
por desgracia, se ha instalado en el planeta.
Burgos
Burgos es uno de esos lugares únicos por donde pasear, eso
sí, con calma. De toda la vida se sabe que las prisas no son buenas compañeras,
y, por tanto, sería un auténtico crimen perderse ciertos detalles (que son
muchos) de una ciudad que atrapa con su magia.
Pensar en la historia escrita en
cada grieta y rincón de la ciudad, hace que nos sintamos parte de asombrosas épocas,
admirando el resultado de acontecimientos increíbles.
Burgos seduce, fascina y embruja.
Y allá donde los pies te
lleven, caerás irremediablemente ante su imponente semblante, forjado a fuego
en edades antiguas que continúan exhibiendo su esplendor.
domingo, 16 de febrero de 2020
Adiós, pequeño
Te has marchado, sin llegar a cumplir once años, y no sabes
el vacío tan grande que has dejado aquí. En silencio, igual que tu caminar, nos
has dejado, por culpa de una injusta enfermedad que te ha arrebatado la vida. No
te lo merecías. Son estas cosas las que han hecho tambalear mis creencias, pues
mis convicciones se han desvanecido de manera instantánea.
Nunca pensé que algo así pudiera pasarte, tan joven. Siempre
fuiste un gato sano y fuerte, con una belleza excepcional y un carácter
maravilloso. Te hemos querido con el alma, de la misma manera que tú nos has
demostrado tu cariño, cada día, cada año, sin dejar de mirarnos ni un instante con
aquella devoción en tus ojos.
Nos has dejado en un momento en el que las palabras no
tienen sentido, y los recuerdos consiguen que te veamos en cada rincón. Cada gesto,
cada maullido, cada minuto de compañía, se agolpan en la memoria, mientras la
melancolía se empeña en dibujar tu silueta a fuego. No hace ni dos días que te acompañamos
hasta el final, viendo el cerrar de tus ojos y el descanso de tu latir. No hace
ni dos días de aquello, mientras sentimos aún en los dedos el recuerdo de tu
ronroneo.
Gracias al destino llegaste a nuestras vidas, y el mejor
regalo fue tenerte. Te adoptamos, rescatándote del frío y de los peligros de la
calle, y a cambio, llenaste nuestro camino de inmensa felicidad. Han sido unos
años maravillosos a tu lado, y siempre te recordaremos como el gato que coloreó
nuestra existencia con infinita mirada y amor incondicional.
Gracias por haber sido tú, pequeño. Lo único que deseamos
ahora es que allá donde te encuentres, aguardes nuestra llegada, y así poder
abrazarte de nuevo, algún día. Mientras tanto, sé feliz. Juega, corre, maúlla
con fuerza, como hiciste aquí. Y, sobre todo, recuerda que no dejaremos de
quererte nunca.
Hasta pronto, Ulises.
lunes, 25 de junio de 2018
Calores incómodos
Una de tantas veces que el calor apretaba, sentí la
necesidad de alejarme, por unos instantes, del esfuerzo desmesurado que suponía
trotar, sobre aquellas murallas al sol.
Ávila tiene magia, incluso en cada grieta, y a pesar del sofocante
verano, pasear por sus entornos ofrece una calma especial.
A mitad de camino, sin haber tenido la precaución de
agenciarme algo de agua, quise sentarme en algún lugar donde poder respirar, a
la sombra de algún árbol que quisiera cobijarme. De pronto, ni muy lejos ni
cerca, divisé unos bancos hermosos, concretamente tres, agazapados entre unos
matojos. El más grande de ellos, asomaba, por un lado, dejando ver sus formas,
invitando a ser usado. Lo malo era, sin duda, la colección de ortigas
puntiagudas que rondaban por allí, especialistas en dar picor a quien quisiera
acercarse, cosa que no hice, por desgana. No me apetecía en absoluto pasar la
tarde entera rascándome como un poseído, y seguí mi camino. Y allí quedaron los
bancos, sepultados bajo la maleza, mostrando al mundo sus encantos, que tampoco
eran muchos.
sábado, 16 de junio de 2018
El ciervo Manolín
El Ciervo Manolín tiene un cabreo monumental, porque la
guasa que se respira a su alrededor es de libro. No hacen más que decirle que
se los han puesto con ganas, y él, que de otra cosa no sabrá, pero rezuma
educación por cada poro de su trasero, insiste en que su cornamenta no se debe
a asuntos de pareja. Pero ya se sabe que la gente es muy mala, y hay demasiado
tiempo libre.
El oso panda y sus cosas
La vida del oso panda es envidiable. Puede que, desde fuera,
parezca aburrida, sin hacer otra cosa que estar recostado contra una piedra,
zampando cañas de bambú. Pero, todo esto es, en el fondo, mucho más complejo.
El oso se encuentra, casi siempre, en un estado de
aislamiento mental. Hablo, lógicamente, de los pandas que viven en el Zoo, porque
no tengo ni idea del comportamiento de los que habitan en China.
El oso panda que vive en cautiverio, está más cuidado que
los pollos de corral, sobre todo porque éstos acaban colgados en la pollería.
En cambio, el simpático oso, recibe las atenciones constantes del personal del
zoológico, ya que es una de las estrellas importantes del mismo. Y mientras se
pega sus homenajes, está a lo suyo, ausente, a pesar de las miradas de aquellos
visitantes que se quedan mirando como lerdos.
Seguramente, el oso, se cachondea de todo el mundo, porque
vive mejor que nadie. A él no le afectan las crisis, ni los cambios de
gobierno, ni la subida del IPC. Al oso, todo eso, se la suda. De hecho, cuando
se digna a mirar a alguien de reojo, al tiempo que mastica los palos verdes, puede
apreciarse en su mirada un recochineo sobrenatural. Y no es para menos.
Mientras los humanos luchamos con uñas y dientes por
sobrevivir en un mundo de locos, el oso panda gasta su tiempo en comer, dormir
y echar caliqueños, gracias a los cuales, nacerán más osos que vivirán a cuerpo
de rey. El resto de sus horas, las usará para aliviar su cuerpo, allá donde le
dé la gana, pues no tiene que inquietarse siquiera por tirar de la cadena.
En definitiva, el oso panda es un crack. Se lo ha montado de
fábula.
¡Ole tú, querido!
domingo, 25 de marzo de 2018
jueves, 8 de marzo de 2018
Fobia a los hombres
Adoro a la mujer. Es una figura maravillosa que, tanto si
fue creada de forma divina, como si el azar se atribuye su obra, el destino
decidió tiempo atrás que ella sería clave en la magia de la vida. Sin ella,
nuestra raza, la que llamamos “humana”, aunque no siempre lo sea, estaría rota
por la mitad, ya que la otra parte depende del hombre; el ser masculino que se
complementa con su compañera.
Con el pasar de los tiempos, no todo tiende a evolucionar,
por desgracia. Es frecuente ver, de vez en cuando, que, por cada tres pasos que se avanzan, uno retrocede. El mundo se ha visto inmerso, desde siempre, en toda
clase de altercados, y entre ellos, las formas de pensamiento.
A día de hoy, eso que llaman “fenimismo”, tiene su hueco
(faltaría más) en la sociedad que nos acoge. Pero los matices han ido cambiando
tan rápido, que ya no se sabe dónde acaba la razón y dónde comienza la locura.
Los movimientos sociales que exigen el reconocimiento y los
derechos de las mujeres, no han hecho más que crecer. Es perfectamente legítimo
que las mujeres quieran gritar al mundo, donde el hombre siempre ha sido la
figura dominante. La base de la igualdad es, simplemente, compartir la misma
esencia, cuantía, condición, aspecto o estructura. Por ello, nunca creí en el
sexo débil, entre otras cosas, porque ya quisiéramos los hombres estar preparados para
soportar un alumbramiento. Y es que la mujer es mucho más de lo que vemos desde
fuera. Pero también los hombres. Y ahí está la igualdad.
Pero todo se estropea cuando algo (de naturaleza insana)
adultera, enrancia y pudre el camino a seguir. Es entonces cuando el movimiento feminista, pasa de
reivindicar la lógica, a elevar la bandera de la sinrazón más necia y obtusa.
Parece mentira cómo las personas pueden caer en la
irracionalidad más descabellada, y en la enajenación privativa de los
perturbados. Da mucha pena observar el deplorable y odioso esperpento al que
han llegado muchas feministas, con sus grotescas demandas y ridículas
condenaciones hacia los hombres. Su odio es tal, que su principio fundamental
es precisamente ese: la fobia y la rabia enlazadas en la misma vasija, donde
cabe, también, cómo no, el resentimiento.
Y llega un momento en que todo se desbarata. El efecto
llamada afila las espinas del trastorno, mientras la entregada multitud corea cantos
de rencor e inquina contra el género masculino que, en su gran mayoría, está en
contra de todo aquello que suponga herir a la mujer. Porque, ni todos los
hombres son maltratadores, ni todas las mujeres son feministas radicales (por
suerte, en ambos casos)
Como si de un hostigamiento con antorchas se tratara, las
feministas más fanáticas y revolucionarias, desean el bombardeo persistente del
“macho”, pidiendo incluso “matar a los hombres y a los bebés varones” : https://gaceta.es/noticias/youtuber-feminista-defiende-asesinato-los-hombres-26012017-1333/ ¿Es que no entienden que el hombre tiene el 50%
de responsabilidad en la creación de la vida? ¿Tan pocas luces tienen
estas pobres mujeres?
También las hay que piden que los hombres sean metidos en
campos de concentración: http://www.outono.net/elentir/2015/09/13/una-famosa-feminista-inglesa-sugiere-meter-a-los-hombres-en-campos-de-concentracion/ o que los hombres cedan la mitad de sus sueldos el día de la huelga feminista https://casoaislado.com/las-feministas-piden-los-hombres-cedan-la-mitad-sueldo-dia-la-huelga-feminista/
Por pedir, piden, además, que dejen de cuidar a los hijos,
porque es una imposición machista http://www.mediterraneodigital.com/feminismo/feminazis-2/las-feministas-piden-que-las-mujeres-dejen-de-cuidar-a-sus-hijos-porque-es-una-imposicion-machista.html ¿De verdad que las mujeres normales no quieren estar con sus hijos? Y, ¿es
necesario suprimir los términos “bebé” o “recién nacido”, porque es un sexismo?
http://www.libertaddigital.com/sociedad/de-bebes-a-criaturas-sanidad-les-cambia-el-nombre-para-eliminar-la-forma-masculina-1276392885/
Según estas mujeres, la custodia compartida es violencia de
género. https://www.meneame.net/story/femnista-custodia-compartida-forma-violencia-genero o Que tocarse pensando en otra mujer es una violación. https://www.vistoenlasredes.com/twitter/el-absurdo-tuit-que-dice-que-tocarse-pensando-en-otra-es-abuso-por-zelery
También sueltan la perla de que la
masturbación es una violación telepática https://gaceta.es/blogs/el-incivilizado/la-ultima-del-feminismo-la-masturbacion-una-violacion-telepatica-20180116-1138/ Y cuidado, porque según las feministas, todos
los hombres, tanto de derechas como de izquierdas, son maltratadores y
asesinos. https://www.eldiario.es/zonacritica/violencia_de_genero-paises_nordicos-leguina-barbijaputa_6_603399685.html
Y tantas, y tantas demencias…
Entristece mucho comprobar en qué se han convertido gran
parte de mujeres que, demostrando lo que piensan, se hacen un nítido retrato,
completamente ridículo. Reclaman respeto a grito pelado, mientras ellas actúan
bajo el lema del odio y la intolerancia.
Hay un largo camino por delante, en el que cambiar muchas
cosas. Todos debemos mejorar, tanto la mujer como el hombre, pero siempre desde
el buen criterio, y no desde lo irracional. Porque hay cuerdos que gozan de su
cautela, y locos que disfrutan con su locura.
jueves, 1 de marzo de 2018
Los gatos del cementerio
Existen almas puras que los dioses anclaron a este mundo. Los Gatos, seres mágicos, cuidan de los muertos en un cementerio alejado, rodeados por el silencio.
jueves, 15 de febrero de 2018
La Magia del Gato
La belleza de un gato solo es comparable al cariño y a la devoción que se les llega a tener. Y cuando un pequeño aparece en tu vida, la revoluciona, la voltea, dejándonos caer irremediablemente a los pies de esa magia gatuna, que brilla en el universo que flota en su mirada, en sus callados pensamientos que nos hablan desde el silencio, en sus pasos vestidos de sigilo, en sus caricias de puro mimo que gustan coleccionar. Los gatos son el fruto de un antiguo encantamiento, un sedoso y elegante hechizo que, cuando te rindes ante él, ya estás perdido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
-
Los bosques no quieren esconder su magia, sino que la muestran de par en par. Pero, como todas las cosas en esta vida, hay que saber mirar...
-
La soledad buscada tiene esa parte de necesidad, que casi todo el mundo precisa, en ciertas parcelas de la vida. El aislamiento ofrece, en...

















































