sábado, 16 de mayo de 2020

Calma en las calles. Silencio. Se rueda.









Loros, cacatúas y guacamayos, regalaron un festín de colores que resplandecieron en la gran celebración. Celedonia, la bella cacatúa que hacía caer de rodillas a más de un pretendiente, encandiló al loro Filomeno, y como no podía ser de otra manera, rendido se postró ante la extensa policromía repartida en su plumaje. Y como ella tenía un pico de oro, se llevó al huerto al lorito, que no rechistó. 
Unos pájaros de altos vuelos se reunieron allí, entre el calor de las lianas y las más exóticas plantas elegidas para el evento. Un éxito.

Mauricio



Tan ricamente se encontraba Mauricio, sintiendo el sol de primavera, con regio semblante y mente vacía, pues nada más necesitaba que el silencio paseando entre unas hojas, raídas por molestos pulgones, que en grupo se merendaban hasta las ramas caídas de árboles tempranamente pelados. Pero Mauricio, a lo suyo.

viernes, 15 de mayo de 2020

Los sonidos del viento



Callejeando por cualquier lugar de este país confinado, a unas horas en las que todavía se permite hasta el paso menos ligero, la alegría de unos tiempos que casi pertenecen a antaño ni se vislumbran. Es cierto que, de vez en cuando, unos pasos rompen la calma que con eco retumba, y aunque uno se gire para volver a admirar el encanto de la gente en sus paseos, nada tiene que ver con lo que hay ahora. Tremendo aburrimiento, según algunos, aunque yo, sinceramente, agradezco estos días de silencio, donde hasta los sonidos más lejanos se dejan traer por el viento. Ya regresarán los bullicios, supongo.

martes, 28 de abril de 2020

Lo que viene



Miro a través de los cristales, y veo a unos niños corretear, como si jamás lo hubieran hecho antes, y hubiesen descubierto la magia del movimiento hace un cuarto de hora. Euforia al cubo es lo que se aprecia desde este mirador, además de algunos gritos que, en ciertos casos, se hacen imprescindibles para quien los emite. La lejanía que debe mantenerse entre personas obliga, en ciertos momentos, a comunicarse como los antiguos, dejando la calle desnuda entre medias. Desde una acera a la otra, las voces, en ciertas situaciones indescifrables, rompen el sueño de quienes pretendían aprovechar el tiempo en plena siesta. Y es entonces cuando las alteradas víctimas encolerizan.
Pero más allá de estos episodios, vivimos una temporada en blanco y negro, respirando una atmósfera sosegada que rompe nuestra calma cuando empezamos a pensar. Los tiempos que galopan están envueltos en drama, y nadie sabe cuántos acabarán cayendo ante la escasez. Vivimos el goteo del deceso diario, que empaña y oscurece las vidas de quienes quedan. Y el futuro que nos viene no puede ser peor.
Ante un horizonte tan sombrío, deslizamos las cortinas, asomamos la mirada y sonreímos por la alegría de esos niños que pasean su entusiasmo bajo nuestro balcón.

En remojo



La gente lleva lo mejor que puede el asunto del confinamiento. Parece que van a ir levantando el castigo, y se va a poder salir, poco a poco, pero con todas las precauciones. Claro que, siempre habrá quien se salte las normas, y vaya haciendo el cafre.
El tiempo parece que acompaña, aunque en ocasiones caen algunas lluvias que refrescan más de la cuenta el ambiente, y llevar manga corta supone un riesgo. Pero no para todos.
Eutiquio, el rinoceronte de la imagen, no tiene preocupación alguna con las mangas cortas, ni con ninguna otra prenda, por muy bien que le pudiera quedar. Él solo quiere estar en remojo, y hace muy bien. Se pasa las horas muertas en el agua, y cuando se aburre, sale y se queda frito. Ese es su modus operandi.

Como cabras



Las cabras de Villabotija son muy suyas. Nadie puede abrir la boca sin que protesten, aunque no vaya con ellas, y los lugareños ya ni las mentan. Gustan de ir en grupo a los sitios, y la cuarentena no ha servido para frenar los impulsos viajeros de estas bellas damas, a las que, por cierto, les podía haber caído unas cuantas multas por desplazamientos indebidos. No obstante, la suerte que tienen todas ellas es que las sanciones no llegarían a ningún destino, pues no están censadas, además de ir indocumentadas. Y cuando la autoridad ha intentado detenerlas, han puesto el turbo, y nadie puede pillarlas en lo alto de un risco, desde el que se cachondean de todo el mundo.
Estas cabras van por libre, y así, no se puede.

Aquí ni pica nada



Pepe no pesca nada. Su amigo, tampoco. llevan más de dos horas y cuarto sentados al sol, con las cañas ya temblorosas, resbalándose entre sus dedos sudados, pringosos como el membrillo. Los peces brillan por su ausencia, y los chavales han comenzado a cuestionarse si el agua también está en cuarentena por culpa de la pandemia.
Su rincón, el de ambos, que linda con un tramo de agua de mar, no luce transparente, quizá por el revuelo de la vida marina y su estampida. Ni siquiera agudizando la vista se ve nada que se agite, y a pesar de las horas, los dos ingenuos albergan todavía un absurdo optimismo ante lo que más parece un charco inerte.
El cielo se encapota por momentos, y lo que van a pescar esos dos es un catarro de órdago, si se descuidan. Después, llegarán las molestias, la fiebre, y los sustos.
Más vale prevenir.

Los riesgos de ponerse fino



El oso panda, cuyo nombre desconozco, pues peca de reservado, se esconde tras los matojos para ponerse fino. Su menú especial, además de su preferido, es el bambú. No se molesta un ápice en cocinarlo, ni siquiera en adornar su sabor con alguna especia de mercadillo, pues el oso es de gustos sencillos. También puede ser que el pobre sufra de hernia de Hiato, por lo que no tiene más remedio que apretarse los palitos verdes, así, a palo seco, sin guarnición.
La osa que tiene a su vera, a la que tampoco he tratado, escudriña con atención cada movimiento de su igual, por si acaso tiene la suerte de caerle un cacho de planta con la que quitarse cierto amargor. Pero, por ahora, no parece que vaya a pasar, pues el oso tragaldabas calcula muy ben sus bocados sin desperdiciar nada. Además de ahorrador es egoísta, qué duda cabe.
Por tanto, la osa, que de tonta no tiene un solo pelo, se está planteando lanzar su zarpa bajo los matorrales y, reptando como una culebrilla de charca, alcanzar con sus largas uñas alguna zona del congénere que le haga entrar en razón. Puede que un viaje a la comarca genital le haga al otro ser algo más generoso.

Manolito, el primate.



Un confinamiento no es algo apetecible, sobre todo para aquellos que gustan de salir, por ejemplo, a deleitarse con una buena bebida refrescante, acompañada, quizá, de algo para picar. Tampoco lo es para los niños, que se suben por las paredes, igual que hacen los padres, ante el enorme despliegue de gritos y golpes que soporta cualquier casa que los alberga. No es para menos, por tanto, pensar que un encierro obligado por culpa de una pandemia, es mucho más que algo aburrido; es insoportable cuando se dilata en el tiempo.
Hay quien tiene suerte, por poder moverse a sus anchas, si su lugar de residencia es amplio. En cambio, existen sufridores que se han de mover en espacios mucho más escuetos, y algunos sin apenas luz o ventilación. Los de este último apartado son, sin lugar a dudas, unos mártires en potencia.
Pero el caso de Manolito es bien diferente, pues goza de la serenidad que puede respirarse en las afueras, y la holgura que su parcela le otorga. En su arbolito, lugar donde pasa largas horas pensando, se estira, y con la mirada perdida, pero sin escatimar en agudeza, planea nuevas posiciones para relajar su enjuto y peludo cuerpo sobre la desgastada corteza. Sin mirar el reloj, pues no usa, nebuliza los efluvios que el viento le lleva, mientras su estómago está al tanto de lo que falta para darse un buen homenaje.
Manolito es, además de parco en palabras, un tragón. Y hace bien.



lunes, 16 de marzo de 2020

Covid 19



Tanto si el Coronavirus nació en una probeta de laboratorio, como si es resultado de la ingesta de murciélagos en las dietas de los chinos, lo cierto es que la pandemia es un trágico hecho que se está llevando las vidas de muchas personas de este mundo.
La ciencia trata de avanzar en la búsqueda de una solución al desgraciado acontecimiento, que no hace más que aumentar, ya que los contagios siguen disparándose por todos los lugares del planeta y, en gran parte, por culpa de la imprudencia de aquellos (y aquellas) que se saltan a la torera lo que entienden por algo nimio.
Por cierto, que, si hablamos de “infectados”, también debemos expresarlo en femenino, dada la fijación que muchos (y muchas) tienen por colar en todas partes, con la moda del lenguaje inclusivo. Parece que, curiosamente, cuando se trata de algo negativo (como lo es portar una enfermedad) se obvia, como por arte de magia, el famoso lenguaje, y todo pasa a tener un género masculino. Cosas del fanatismo.
Pero volviendo al asunto del Covid-19, sería irracional mirar hacia otra parte, como si el tema no fuera con nosotros, ya que el pronóstico económico, incluso a corto plazo, no puede ser peor. Y no es para menos, debido a las cantidades ingentes de dinero que se están perdiendo, mientras nos encontramos a buen recaudo en nuestras casas (y menos mal), sin poder, en muchos casos, hacer otra cosa que esperar, rodeados de paciencia.
No se puede tener todo. No es posible hacer una tortilla sin romper los huevos, por lo que el esfuerzo (ahora, titánico) que todos debemos poner en práctica, ha de servir para algo; desde la máxima precaución al poner un pie en la calle, para ir a comprar comida, o medicamentos, hasta cuidar de los nuestros bajo el mismo techo para que nadie enferme, todo ello, de manera constante y sin saltarnos el sentido común. De nada sirve hacer las cosas bien dos días, para errar el tercero. Y es que el ser humano necesita comer e hidratarse, por lo que es inviable pretender encierros perennes, y, por tanto, alguien debe adquirir provisiones para poder subsistir. Eso es de cajón.
Pero lo que no tiene sentido es ponerse a dar vueltas por la calle, o tumbarse sobre el césped de un parque a tomar el sol, quizá comprometiendo a los demás, si quien lo hace está infectado (y ya no digamos retirar vallas o negarse a colaborar cuando la policía así lo requiere) porque, además de estar prohibido, las autoridades pueden (y deben) plantar un multazo que deja tiritando al más pintado. Esa es la única manera con la que muchos descerebrados parecen aprender.
Cuando nos encontremos de camino, en busca de alimentos o medicinas, las manos han de estar cubiertas por unos guantes desechables, que nos protegerán de rozar posibles porquerías contaminantes. Y a la hora de quitárnoslos, hacerlo sin tocarnos la piel con la zona expuesta (hay hasta tutoriales en Internet) Después, lavarse las manos a conciencia, y si no tenemos agua ni jabón, limpiarnos con los geles especiales (de los que apenas quedan en las farmacias)
Las mascarillas no han de llevarse en el bolsillo, sino puestas, y descartarlas tras su uso. Todo puede ser infectado, motivo por el cual, es importantísimo no llevarse las manos a la boca, nariz u ojos. Es fundamental tener amplio avituallamiento en las casas, para no estar con la preocupación por si se terminan sin darnos cuenta. Hay que ser previsores.
El gobierno está solicitando, en algunas zonas de España, donaciones de particulares para cubrir la escasez existente en hospitales. Por eso, muchas personas que disponen de mascarillas o guantes, deciden cederlas para que los sanitarios puedan protegerse adecuadamente, dada la considerable carencia de suministros a la que se está llegando. Eso sí, todos esperamos que, si el gran Amancio Ortega decide realizar donativos, no sean repudiados, como sucedió anteriormente con las donaciones de equipos de diagnóstico para el tratamiento contra el cáncer para la sanidad pública. Esas cosas solo suceden cuando los que critican están llenos de veneno y no tienen demasiadas luces.
Dicho esto, ojalá que pronto comience a aminorar esta pesadilla, y vaya desapareciendo sin dejar más rastro que las fatales pérdidas producidas. Todos esperamos la llegada de un halo de luz que alumbre este oscuro e incierto camino de riesgo y dolor.




miércoles, 4 de marzo de 2020

Pasear por Ávila









Pasear por Ávila es, sin duda alguna, dejar que la historia nos sorprenda a cada paso. No hay un solo resquicio que no abunde en la memoria del tiempo, para profundo agrado y asombro de quien se siente fascinado por las huellas de tantas épocas impresas en piedra.

Loros o Cotorras



Hay notoria diferencia entre un loro y una cotorra, aunque a veces la duda invada. Lo mejor para salir de dudas es meterse en Google e informarse. Pero no siempre es fácil guardar la calma con los sonidos que emiten por una parte y por la otra, sobre todo cuando se trata de pajarracos de dos patas, por decirlo de alguna manera, que machacan a quien tienen cerca con sus (con perdón) paridas, que no suelen ser pocas. Se las ve llegar, por mucha distancia que haya entre medias, ya que su revoloteo saca de quicio incluso con un buen trecho. En distancias cortas, y sufridas, lo mejor es salir por patas, ya que, si caes en sus redes, estás perdido.
Algo parecido sucedió en un lugar de La Mancha, cuando las inquietantes figuras de la imagen (que de frente intimidaban hasta el pánico) se acercaron con claras intenciones de soltar terroríficos sermones mojigatos, de esos que activan la hernia de hiato y tuercen por completo un día de bienestar. A una de ellas, por cierto, le hedía su pozo peor que una cloaca, y hasta cinco mosquitos pude contar, mientras salían de aquella especie de boca del infierno.
Con esto del Coronavirus (del que se habla sin descanso en todas las cadenas televisivas) se prefiere la precaución, no sea que un pollo de loro (o de cotorra) aterrice demasiado cerca, con el peligro que entraña semejante bombardeo. Pero ante todo está el sentido común, que le habla a uno y le avisa: “ Cuidado con el lorito, que sus pollos te dejan frito” Y eso sí que no.

lunes, 2 de marzo de 2020

Asombroso Madrid Vacío



No es frecuente encontrar Madrid sin nadie. Diría que se trata de un hechizo lanzado por alguien que sabe de magia, pero de la buena. Resulta reconfortante pasear por una ciudad que, por regla general, regala la asfixia a quien la “patea”, pues no es habitual dar cuatro pasos seguidos sin chocarse con quien venga de frente. Claro está, no toda esta metrópoli es un hervidero, pues todavía existen zonas de relativa calma, pero aquellos sitios destinados al desgaste de la suela y la mirada perdida, embetunan los nervios de un malestar oscuro como el chapapote, denso e incómodo.
La imagen de Madrid sin gente aporta un placer desconocido, que en muy contadas ocasiones se puede percibir en la capital de España. La ausencia de bocinas, griteríos y ambiente cargado en general, deleita a quien tiene la fortuna de encontrar así esta enorme ciudad.

Venecia, vacía.



Sin restarle un ápice de importancia al famoso Coronavirus, porque tenerla, la tiene, no se puede negar el bombardeo constante que los Medios de Comunicación (a veces, de “Desinformación) ofrecen a la audiencia, sin dar tregua. Rara es la vez que, al encender un televisor, o pulsar el interruptor de la radio, no encontramos la misma noticia que últimamente, sin dar lugar al descanso, se pasea por todas partes. No cabe duda que esta situación pone en jaque a la economía. Que se lo digan al sector turístico, que sufre la desbandada de visitantes, incluso en zonas donde el periplo de excursionistas es más abundante. Un claro ejemplo es Venecia, donde ahora mismo, las góndolas esperan vacías, atadas a los muelles, presenciando los desérticos canales que, habitualmente, rebosan toda clase de viajantes. Una lástima. Una visión inaudita. Una situación insólita que, esperemos, no dure demasiado. Mientras tanto, ojalá que la buena salud combata y gane la batalla contra el virus que, por desgracia, se ha instalado en el planeta.

Burgos











Burgos es uno de esos lugares únicos por donde pasear, eso sí, con calma. De toda la vida se sabe que las prisas no son buenas compañeras, y, por tanto, sería un auténtico crimen perderse ciertos detalles (que son muchos) de una ciudad que atrapa con su magia.

Pensar en la historia escrita en cada grieta y rincón de la ciudad, hace que nos sintamos parte de asombrosas épocas, admirando el resultado de acontecimientos increíbles.


Burgos seduce, fascina y embruja. 

Y allá donde los pies te lleven, caerás irremediablemente ante su imponente semblante, forjado a fuego en edades antiguas que continúan exhibiendo su esplendor.  

domingo, 16 de febrero de 2020

Adiós, pequeño



Te has marchado, sin llegar a cumplir once años, y no sabes el vacío tan grande que has dejado aquí. En silencio, igual que tu caminar, nos has dejado, por culpa de una injusta enfermedad que te ha arrebatado la vida. No te lo merecías. Son estas cosas las que han hecho tambalear mis creencias, pues mis convicciones se han desvanecido de manera instantánea.
Nunca pensé que algo así pudiera pasarte, tan joven. Siempre fuiste un gato sano y fuerte, con una belleza excepcional y un carácter maravilloso. Te hemos querido con el alma, de la misma manera que tú nos has demostrado tu cariño, cada día, cada año, sin dejar de mirarnos ni un instante con aquella devoción en tus ojos.
Nos has dejado en un momento en el que las palabras no tienen sentido, y los recuerdos consiguen que te veamos en cada rincón. Cada gesto, cada maullido, cada minuto de compañía, se agolpan en la memoria, mientras la melancolía se empeña en dibujar tu silueta a fuego. No hace ni dos días que te acompañamos hasta el final, viendo el cerrar de tus ojos y el descanso de tu latir. No hace ni dos días de aquello, mientras sentimos aún en los dedos el recuerdo de tu ronroneo.
Gracias al destino llegaste a nuestras vidas, y el mejor regalo fue tenerte. Te adoptamos, rescatándote del frío y de los peligros de la calle, y a cambio, llenaste nuestro camino de inmensa felicidad. Han sido unos años maravillosos a tu lado, y siempre te recordaremos como el gato que coloreó nuestra existencia con infinita mirada y amor incondicional.
Gracias por haber sido tú, pequeño. Lo único que deseamos ahora es que allá donde te encuentres, aguardes nuestra llegada, y así poder abrazarte de nuevo, algún día. Mientras tanto, sé feliz. Juega, corre, maúlla con fuerza, como hiciste aquí. Y, sobre todo, recuerda que no dejaremos de quererte nunca.
Hasta pronto, Ulises.


lunes, 25 de junio de 2018

Calores incómodos




Una de tantas veces que el calor apretaba, sentí la necesidad de alejarme, por unos instantes, del esfuerzo desmesurado que suponía trotar, sobre aquellas murallas al sol.
Ávila tiene magia, incluso en cada grieta, y a pesar del sofocante verano, pasear por sus entornos ofrece una calma especial.
A mitad de camino, sin haber tenido la precaución de agenciarme algo de agua, quise sentarme en algún lugar donde poder respirar, a la sombra de algún árbol que quisiera cobijarme. De pronto, ni muy lejos ni cerca, divisé unos bancos hermosos, concretamente tres, agazapados entre unos matojos. El más grande de ellos, asomaba, por un lado, dejando ver sus formas, invitando a ser usado. Lo malo era, sin duda, la colección de ortigas puntiagudas que rondaban por allí, especialistas en dar picor a quien quisiera acercarse, cosa que no hice, por desgana. No me apetecía en absoluto pasar la tarde entera rascándome como un poseído, y seguí mi camino. Y allí quedaron los bancos, sepultados bajo la maleza, mostrando al mundo sus encantos, que tampoco eran muchos.


sábado, 16 de junio de 2018

El ciervo Manolín



El Ciervo Manolín tiene un cabreo monumental, porque la guasa que se respira a su alrededor es de libro. No hacen más que decirle que se los han puesto con ganas, y él, que de otra cosa no sabrá, pero rezuma educación por cada poro de su trasero, insiste en que su cornamenta no se debe a asuntos de pareja. Pero ya se sabe que la gente es muy mala, y hay demasiado tiempo libre.

El oso panda y sus cosas



La vida del oso panda es envidiable. Puede que, desde fuera, parezca aburrida, sin hacer otra cosa que estar recostado contra una piedra, zampando cañas de bambú. Pero, todo esto es, en el fondo, mucho más complejo.  
El oso se encuentra, casi siempre, en un estado de aislamiento mental. Hablo, lógicamente, de los pandas que viven en el Zoo, porque no tengo ni idea del comportamiento de los que habitan en China.
El oso panda que vive en cautiverio, está más cuidado que los pollos de corral, sobre todo porque éstos acaban colgados en la pollería. En cambio, el simpático oso, recibe las atenciones constantes del personal del zoológico, ya que es una de las estrellas importantes del mismo. Y mientras se pega sus homenajes, está a lo suyo, ausente, a pesar de las miradas de aquellos visitantes que se quedan mirando como lerdos.
Seguramente, el oso, se cachondea de todo el mundo, porque vive mejor que nadie. A él no le afectan las crisis, ni los cambios de gobierno, ni la subida del IPC. Al oso, todo eso, se la suda. De hecho, cuando se digna a mirar a alguien de reojo, al tiempo que mastica los palos verdes, puede apreciarse en su mirada un recochineo sobrenatural. Y no es para menos.
Mientras los humanos luchamos con uñas y dientes por sobrevivir en un mundo de locos, el oso panda gasta su tiempo en comer, dormir y echar caliqueños, gracias a los cuales, nacerán más osos que vivirán a cuerpo de rey. El resto de sus horas, las usará para aliviar su cuerpo, allá donde le dé la gana, pues no tiene que inquietarse siquiera por tirar de la cadena.
En definitiva, el oso panda es un crack. Se lo ha montado de fábula. 
¡Ole tú, querido!



jueves, 8 de marzo de 2018

Fobia a los hombres



Adoro a la mujer. Es una figura maravillosa que, tanto si fue creada de forma divina, como si el azar se atribuye su obra, el destino decidió tiempo atrás que ella sería clave en la magia de la vida. Sin ella, nuestra raza, la que llamamos “humana”, aunque no siempre lo sea, estaría rota por la mitad, ya que la otra parte depende del hombre; el ser masculino que se complementa con su compañera.
Con el pasar de los tiempos, no todo tiende a evolucionar, por desgracia. Es frecuente ver, de vez en cuando, que, por cada tres pasos que se avanzan, uno retrocede. El mundo se ha visto inmerso, desde siempre, en toda clase de altercados, y entre ellos, las formas de pensamiento.

A día de hoy, eso que llaman “fenimismo”, tiene su hueco (faltaría más) en la sociedad que nos acoge. Pero los matices han ido cambiando tan rápido, que ya no se sabe dónde acaba la razón y dónde comienza la locura.

Los movimientos sociales que exigen el reconocimiento y los derechos de las mujeres, no han hecho más que crecer. Es perfectamente legítimo que las mujeres quieran gritar al mundo, donde el hombre siempre ha sido la figura dominante. La base de la igualdad es, simplemente, compartir la misma esencia, cuantía, condición, aspecto o estructura. Por ello, nunca creí en el sexo débil, entre otras cosas, porque ya quisiéramos los hombres estar preparados para soportar un alumbramiento. Y es que la mujer es mucho más de lo que vemos desde fuera. Pero también los hombres. Y ahí está la igualdad.

Pero todo se estropea cuando algo (de naturaleza insana) adultera, enrancia y pudre el camino a seguir. Es entonces cuando el movimiento feminista, pasa de reivindicar la lógica, a elevar la bandera de la sinrazón más necia y obtusa. Parece mentira cómo las personas pueden caer en la irracionalidad más descabellada, y en la enajenación privativa de los perturbados. Da mucha pena observar el deplorable y odioso esperpento al que han llegado muchas feministas, con sus grotescas demandas y ridículas condenaciones hacia los hombres. Su odio es tal, que su principio fundamental es precisamente ese: la fobia y la rabia enlazadas en la misma vasija, donde cabe, también, cómo no, el resentimiento.

Y llega un momento en que todo se desbarata. El efecto llamada afila las espinas del trastorno, mientras la entregada multitud corea cantos de rencor e inquina contra el género masculino que, en su gran mayoría, está en contra de todo aquello que suponga herir a la mujer. Porque, ni todos los hombres son maltratadores, ni todas las mujeres son feministas radicales (por suerte, en ambos casos)

Como si de un hostigamiento con antorchas se tratara, las feministas más fanáticas y revolucionarias, desean el bombardeo persistente del “macho”, pidiendo incluso “matar a los hombres y a los bebés varones” :  https://gaceta.es/noticias/youtuber-feminista-defiende-asesinato-los-hombres-26012017-1333/ ¿Es que no entienden que el hombre tiene el 50%  de responsabilidad en la creación de la vida? ¿Tan pocas luces tienen estas pobres mujeres?
También las hay que piden que los hombres sean metidos en campos de concentración: http://www.outono.net/elentir/2015/09/13/una-famosa-feminista-inglesa-sugiere-meter-a-los-hombres-en-campos-de-concentracion/ o que los hombres cedan la mitad de sus sueldos el día de la huelga feminista https://casoaislado.com/las-feministas-piden-los-hombres-cedan-la-mitad-sueldo-dia-la-huelga-feminista/
Por pedir, piden, además, que dejen de cuidar a los hijos, porque es una imposición  machista http://www.mediterraneodigital.com/feminismo/feminazis-2/las-feministas-piden-que-las-mujeres-dejen-de-cuidar-a-sus-hijos-porque-es-una-imposicion-machista.html ¿De verdad que las mujeres normales no quieren estar con sus hijos? Y, ¿es necesario suprimir los términos “bebé” o “recién nacido”, porque es un sexismo? http://www.libertaddigital.com/sociedad/de-bebes-a-criaturas-sanidad-les-cambia-el-nombre-para-eliminar-la-forma-masculina-1276392885/
Según estas mujeres, la custodia compartida es violencia de género. https://www.meneame.net/story/femnista-custodia-compartida-forma-violencia-genero o Que tocarse pensando en otra mujer es una violación. https://www.vistoenlasredes.com/twitter/el-absurdo-tuit-que-dice-que-tocarse-pensando-en-otra-es-abuso-por-zelery  
También sueltan la perla de que la masturbación es una violación telepática https://gaceta.es/blogs/el-incivilizado/la-ultima-del-feminismo-la-masturbacion-una-violacion-telepatica-20180116-1138/  Y cuidado, porque según las feministas, todos los hombres, tanto de derechas como de izquierdas, son maltratadores y asesinos. https://www.eldiario.es/zonacritica/violencia_de_genero-paises_nordicos-leguina-barbijaputa_6_603399685.html 
Y tantas, y tantas demencias…

Entristece mucho comprobar en qué se han convertido gran parte de mujeres que, demostrando lo que piensan, se hacen un nítido retrato, completamente ridículo. Reclaman respeto a grito pelado, mientras ellas actúan bajo el lema del odio y la intolerancia.
Hay un largo camino por delante, en el que cambiar muchas cosas. Todos debemos mejorar, tanto la mujer como el hombre, pero siempre desde el buen criterio, y no desde lo irracional. Porque hay cuerdos que gozan de su cautela, y locos que disfrutan con su locura.

jueves, 1 de marzo de 2018

Los gatos del cementerio



Existen almas puras que los dioses anclaron a este mundo. Los Gatos, seres mágicos, cuidan de los muertos en un cementerio alejado, rodeados por el silencio.

jueves, 15 de febrero de 2018

Ávila: una de las ciudades más bonitas de España. Y del mundo.

La Magia del Gato

La belleza de un gato solo es comparable al cariño y a la devoción que se les llega a tener. Y cuando un pequeño aparece en tu vida, la revoluciona, la voltea, dejándonos caer irremediablemente a los pies de esa magia gatuna, que brilla en el universo que flota en su mirada, en sus callados pensamientos que nos hablan desde el silencio, en sus pasos vestidos de sigilo, en sus caricias de puro mimo que gustan coleccionar. Los gatos son el fruto de un antiguo encantamiento, un sedoso y elegante hechizo que, cuando te rindes ante él, ya estás perdido.

Piedrahita (Ávila)

sábado, 2 de septiembre de 2017

Los Gatos del Cementerio












Quien me conoce sabe de mis gustos y preferencias. Aquellos lugares de calma, de retiro y soledad, me han hechizado desde siempre, quizá sin explicación alguna; simplemente, sin más. Caminar enlazado al silencio, inmerso en mis pensamientos, respirando pausadamente y dosificando mis pasos, me prenden a esa quietud que tanta falta hace.
Las necrópolis saben de paz, de prudencia y de misterio, y no hay un solo resquicio que rehúya un secreto. Y entre las losas de mármol, cruces y mausoleos, unas pequeñas almas abarrotadas de vida, deambulan a sus anchas con cautela y elegancia. El suave y exquisito movimiento de los gatos del cementerio, decoran el camposanto con sigilo en cada huella y magia eterna en sus miradas. Reservados y expectantes, acechan y analizan cada leve movimiento que circunda su ser, estáticos e inquebrantables, cómo gárgolas majestuosas de apariencia imperturbable.
En plena libertad, coexisten, emancipados de un mundo exterior. Gracias a personas con alma pura, viven sin recelos, resguardados en sus dominios, donde sellan su rastro
 con la marca del gato.


Coco