domingo, 19 de marzo de 2023

La cabaña


 

De los paseos desorientados convertidos en extravío absoluto, recuerdo con claridad meridiana aquel que me llegó a inquietar tajantemente. Perderse en un bosque desconocido no es algo deseable, sobre todo cuando la noche amenaza con adueñarse de los entornos. Al caer la oscuridad, de forma irremediable, las sombras comienzan a cobrar forma, y las simples pareidolias arañan las puertas de nuestro miedo para dejarlo salir.

A pesar de los avances tecnológicos, la cobertura de mi teléfono estaba más ausente que nunca. No podía hacer llegar ni el más leve aviso a nadie, y las horas oscuras arriaban, acompañadas de un frío inusual que surgió de improviso. La niebla a ras de suelo parecía poseída, mostrando una especie de baile irreal y sobrecogedor, dejando despejado el único rastro de rala hojarasca que obligaba a ser caminado. Más allá de lo apenas visible, el bosque, espeso e interminable, escondía más secretos de los imaginables, pero no era el único.

Sin ser capaz de comprenderlo, entre la bruma, una vieja cabaña se exponía, desvencijada y oscura, con el paso de los años ligados a sus listones, enterrados desde su base en aquel inerme terreno. Nadie me esperaba en ninguna parte, y reconocer aquello me aterraba, pues aquella noche podría haber sido la de mi desaparición para el mundo, ya que no había un alma allí. O sí.

La puerta de la cabaña permanecía abierta, y no dudé en cruzar el umbral. Por suerte, la linterna de mi móvil funcionaba, y pude usarla para intentar encontrar algún interruptor, pero la civilización pareció olvidar aquel chamizo. Todo crujía allí dentro, donde el olor a rancio era lo de menos, pues deseaba hallar el modo de encender alguna luz con la que poder alumbrar aquella extraña covacha y quitarme de encima la sensación de estar observado por algo. Pero, por más que busqué, la electricidad allí era un lujo inexistente. Afortunadamente, un par de velas hacían cuerpo sobre un aparador, y cerca de ellas encontré unas cerillas con las que prender su acartonado pabilo.

Una vez que la luz se hizo hueco entre las maderas del viejo bohío, sentía el tangible abandono en cada hendidura. Había que tener un extremo cuidado al dar un paso allí dentro, pues no eran pocos los clavos que asomaban de los tabiques, seguramente impregnados con toda clase de inmundicias. No era ni el momento ni el lugar para infectarse con nada, pues desconocía cuánto tiempo estaría allí perdido, sin poder recurrir a un simple medicamento. Lo único que podía hacer era esperar a que pasase la noche, resguardado, al menos, de las bajas temperaturas.

Con la ayuda de la primera vela encontré otras, que también encendí. Pude colocarlas en diferentes lugares, para distinguir mejor aquel interior, y toparme con un jergón que me serviría de cama. Después advertí el hogar de una chimenea, apenas alumbrada por el resplandor de la vela más cercana, y no tardé en acopiar algo de leña seca, que reposaba a su izquierda, para encender unas astillas y caldear la estancia.

Con todo aquello, mis preocupaciones mermaron, disponiéndome a descansar bajo techo, para reanudar mi camino con la llegada del sol. De mi mochila extraje un abrigo de repuesto, que usé como manta y, recostado en aquel camastro, cerré los ojos y me relajé. Pero mi calma no duró mucho tiempo, porque no estaba solo. Esa fue la sensación que tuve al llegar, y con aquel chasquido me reafirmé; un ruido acompañado de un susurro, tan cercano que noté un frío aliento sobre mi cara. Nada se veía, pero allí había algo, y no era una persona ni un animal. Guardé silencio, como jamás en mi vida, pudiendo escuchar mis propios latidos acelerados, haciendo lo posible por agudizar mis sentidos e intentar descubrir el origen de mi miedo, pero no era capaz. Y mientras afinaba la vista para vislumbrar mi entorno, sobre mi hombro sentí una carga, como una garra que me apretaba con desprecio y empezó a zarandearme, empujándome hacia la pared para evitar que me levantase. Tragué saliva sin poder evitarlo, como tampoco podía eludir un pánico creciente hacia lo desconocido, mientras los ruidos se tornaban estridentes y el frío creció inusitadamente. El fuego comenzó a extinguirse, al igual que la llama de cada vela, y el ente que me sujetaba lo hacía con más fiereza, balbuceando un extraño lenguaje a la vez. Hubo un instante que lo di todo por perdido, reconociendo que había entrado donde jamás debía, y en mitad de aquellos pensamientos, a punto estuve de desfallecer.

Por fortuna, y sin saber exactamente de dónde, saqué fuerzas suficientes para desenmarañarme de aquella garfa y escapar, aterrado y quejumbroso, hasta el exterior, en pleno bosque, bañado por las nieblas y los gritos de las criaturas de la noche. Y allí, aguardé el amanecer, agotado, de pie y congelado, pero vivo.

 

 


sábado, 18 de marzo de 2023

Las sorpresas de la vida


 

No hay un solo día sin sorpresa. Eso es lo que me solían decir, hace ya algún tiempo, y bien cierto que era. No obstante, hay que aclarar  que esos obsequios pueden venir embalados de muy diversa manera. Por tanto, hay días que recibimos agasajos de la vida, pero también podemos obtener incómodos presentes, como el que quiso llegar hasta mí la semana pasada.

Salía de mi casa, como cada mañana, encontrándome con un sol de justicia, impropio de aquellas horas. Desvié la mirada para evitar deslumbrarme, pero dejé de prestar atención a mis pasos, cosa que hago de forma habitual, confiando en el terreno, bajo mis pies. Y fue ahí donde el error resultó mayúsculo, pues ahondé mi zapato derecho en una enorme y descompuesta mierda, originando el consiguiente resbalón. El patinazo fue tal, que aterricé contra unos cubos amarillos, que no se metían con nadie, al otro extremo de la acera. Tras el golpe, que sin quitarle importancia, fue algo más que curioso, me levanté del mismo suelo, hasta donde había planeado con poca gracia y ningún estilo. La buena noticia fue que nadie se encontraba mirando, por lo que se evitaron las posibles carcajadas de desalmados con mala leche.

No sé qué clase de elefante pudo dejar por allí aquella montaña innombrable de heces, pero vamos, si su culo era acorde al mojón, imagino que necesitará veinte sillas para reposar semejantes nalgas demoníacas.

Mi consejo de hoy es que no está de más mirar al suelo, pudiendo evitar así ciertos sustos y males mayores, dado que hay especímenes sin miramientos que arrojan sus miserias más profundas  al empedrado. Y ahí se quedan, aguardando en calma. Un asco.

martes, 14 de marzo de 2023

Aquella mirada


 

En los caminos uno encuentra lo más insospechado. Paseos sin más ambición que el silencio, llegan a convertirse en un bálsamo que nutre el alma, sobre todo al contemplar la serena mirada de un bohemio rocín, cruzado en mi recorrido. No era el más esbelto, ni, por tanto, el más llamativo, pero gozaba de magia en sus fanales, resplandeciendo un idioma que lanzaba sin palabras. Nos quedamos quietos, cercanos y en calma, como si nos conociéramos de otras vidas. El entorno se tintaba con una noche temprana, con las aves ya enmudecidas y esencias tostadas de lumbres en decadencia. El petiso asintió, reflexivo, con la cortesía que muchos no tienen, prosiguiendo sus andares hasta desvanecerse en lo más hondo de la fronda. Sin dar un solo paso más, contemplé su marcha, y a medida que desaparecía bajo el manto de frías nieblas, supe que recordaría aquella sincera mirada que cuántos seres querrían tener.  

viernes, 10 de marzo de 2023

Soledad


 

La soledad buscada tiene esa parte de necesidad, que casi todo el mundo precisa, en ciertas parcelas de la vida. El aislamiento ofrece, en multitud de ocasiones, la posibilidad de alcanzar el autoconocimiento personal, mientras el refugio en el silencio se hace evidente. El pasar del tiempo en mitad de un destierro elegido, puede suponer ese reinicio imprescindible para situar cuanto nos rodea en el lugar correspondiente.

Pero existe una soledad obligada, no buscada, que ancla en la melancolía a demasiadas personas, cuando además, por desgracia para ellas, soportan con impotencia el avance de las estaciones. La ancianidad arraiga con fiereza sin poder huir de sus garras, y el dolor de la verdad se expande cuando alguien se siente de más. Hace falta ser inhumano para desentenderse de quienes padecen el injusto desamparo de esta vida cruel, abandonando a su suerte a personas que son cada vez más dependientes.

Como voluntario en hospitales de enfermos terminales, me horrorizo con las historias que hay detrás de ciertas miradas. Muchos enfermos inermes fueron literalmente olvidados por los suyos, como si ya no tuvieran cabida en este mundo. Personas indefensas, desabrigadas por completo, fondeadas en una cama y sin más horizonte que un ventanal. Hombres y mujeres que aguardan el momento de su partida, sin el tacto de cariño de quienes son su familia, en una lejanía que no llegan a comprender.

Lloran, se sinceran, se abren a quien se acerca, buscando un ápice de comprensión y de afecto, mientras alzan su mano, los que todavía pueden, para sentir esa pizca de bondad, que ya apenas recuerdan. Y mientras asumen que el tiempo galopa en su contra, entrelazan sus débiles manos, casi siempre doloridas, con las de alguien de buen corazón que les ofrezca un poquito de apego.


jueves, 9 de marzo de 2023

No perdamos la esperanza


 

No sería de extrañar que, cualquier mañana, amaneciésemos con la noticia más terrorífica, lanzada al aire. Si estamos todavía en pie, intentando llevar una vida lo más normal posible, es de milagro. Si tenemos en cuenta las manos en las que nos encontramos, a nivel mundial, es asombroso que la raza humana sigamos poblando este planeta.

Aquellos que manejan los hilos desde las élites, parecen estar tejiendo un plan, cuyo final puede que no sea del todo satisfactorio para la gente. Nuestro bienestar no lo tenemos asegurado, ni siquiera a medio plazo, visto lo visto. Por eso, el día menos pensado, el cielo podría teñirse con deslumbrantes llamaradas, demostrando  que todo lo que sube, baja. Si a alguien se le ocurriese la idea de arrasarnos, pulsando el temido botón del apocalipsis, no creo que resulte sencillo encontrar  cobijo donde guarecerse.

Las penurias con las que convivimos ahora, se quedarían completamente empequeñecidas ante la devastación que podría llegar. Pero lo último que se pierde es la esperanza.


martes, 7 de marzo de 2023

Espérame en la luz


  

Las experiencias cercanas a la muerte siempre han existido. Forman parte de aquello que muchos piensan que es fantasía, cuando las personas abandonan la vida para dejar de existir por completo. Y es que es mucho más fácil negar lo que no se entiende, en lugar de indagar e intentar comprender lo que, en realidad, es una verdad universal: Hay vida después de la vida.

Uno de tantos relatos con lo que nos hemos cruzado, es el de un hombre que sufrió una parada cardiorrespiratoria, justo en mitad de una intervención quirúrgica. Todo iba bien, hasta que su corazón se detuvo, dando origen al desconcierto entre el equipo médico y, por supuesto, a la experiencia en sí misma.

El paciente, cuyo nombre era (y sigue siendo) Guillermo, creyó despertar de repente, tras notar una especie de tirón muy enérgico hacia los pies, tras lo que experimentó una sensación que, según nos contaba, no podía describir. La emoción que sintió en aquellos momentos, de duración indeterminada, no era comparable a ninguna otra que pudo sentir en toda su vida. Apreciaba colores indescriptibles, efectos auditivos inenarrables a su alrededor, a la vez que advertía presencias desconocidas en torno a su ser. Todo ello, en mitad de un clima de amor absoluto, de paz y de bienestar, que acariciaban cada partícula de lo que creía que era un cuerpo, el suyo, pero que no sentía como tal.

En mitad de ese lógico desbarajuste, Guillermo podía ver toda la escena desde lo alto, como adherido al mismo techo, observando desde arriba a los médicos reanimar el cuerpo que, al principio, él no reconoció. Cuando cayó en la cuenta de que se trataba de su cuerpo, el asombro aumentó, pero en ningún momento tuvo miedo o angustia por todo aquello, sino todo lo contrario. Guillermo estaba envuelto en la calidez absoluta, sin apreciar dolor de ninguna clase, ni la más mínima molestia. Y mientras miraba hacia abajo, el equipo maniobraba a contrarreloj  para traerle de vuelta, porque, según le contaron después, llevaba más de un minuto sin responder a las maniobras de reanimación.

Guillermo nunca ha sabido determinar la duración de su ECM, por lo que, posiblemente, el tiempo fuera del cuerpo se comporte de manera distinta a lo que estamos acostumbrados. Pero, lo que sí tiene meridianamente claro, es que tras esta vida, la que conocemos en el mundo, existe otra, alejada del dolor y el sufrimiento.

Algún día, todos y cada uno de nosotros, usaremos ese billete de ida, comprobando que las palabras de Guillermo, al igual que las de miles de personas que estuvieron a las puertas de la muerte, tienen una explicación. Porque esta vida es un camino de aprendizaje, y, llegado el momento, volveremos a la luz.

 

lunes, 6 de marzo de 2023

¿Cuánto tiempo nos queda?


 

¿Cuánto tiempo nos queda? Esa es una de las grandes preguntas que nos hacemos en este momento. Es posible que sea la duda actual más importante, dadas las circunstancias que nos rodean. No hay un solo día que no nos embadurnen con noticias, a cual peor, sobre la situación coetánea en el mundo. Engaños, cortinas de humo, disfraces falaces lanzados en forma de mugrientos embustes, recorren cualquier  estancia con el ánimo de seguir mintiéndonos. Mientras tanto, todo se derrumba a nuestro alrededor, y continuamos preguntando al viento: ¿Cuánto tiempo nos queda?

Es imposible obviar que la vida que conocíamos no volverá. Han acontecido eventos calamitosos durante los últimos años, y los adalides que prometieron cuidar de nuestros intereses, únicamente vigilan los suyos. Caemos irremediablemente y sin frenos por un pozo sin fondo. La sociedad sufre una enorme división, por lo que todos lidiamos con el malestar que producen sentimientos que estaban enterrados, como los viejos rencores de los que la mayoría ni recordaba. Por culpa de aquellos resentidos que no han parado hasta vernos enemistados de nuevo, sobrevivimos en un mundo que puede verse todavía más herido, y de forma irremediable.

La escasez, el hambre y el dolor, se reparten por el planeta. La enajenación más nauseabunda lidera los puestos de responsabilidad, desde donde dicta y maneja sus depravadas doctrinas, corrompiendo a menores, abarrotando de delincuencia las calles, fomentando odio, robando a manos llenas y destruyendo la vida. Los conflictos armados han regresado, cuando creíamos que pertenecían a un arrinconado pasado. La angustia por la supervivencia es ya una red interminable que todo lo abarca. El presente está pintado con los ecos más infames del pasado, y el futuro que nos viene solo trae cielos oscuros.

Mientras tanto, volvemos a preguntarnos: ¿Cuánto tiempo nos queda?

Nadie lo sabe. 


domingo, 5 de marzo de 2023

En mitad del camino


 

Buscando la Ciudad Prohibida alguien salió a mi paso. Un monje de extraña apariencia me lanzó una pregunta, bajo la inquietante máscara que portaba, en mitad de mi desconcertante camino. Por el tono empleado deduje que mi respuesta esperaba, pero ni siquiera entendí el idioma, si es que lo era, con el que se dirigía a mi persona con tan brusca contundencia. En mitad de mi recorrido, dejando al descubierto lo que anduve persiguiendo, se erigía la figura de oculto semblante, protegido bajo lo que desprendía un fulgor turquesa, fijando su supuesta mirada en mí, firme e imperturbable, sin dejar clara su intención final.
Pero no me encontraba ante la orilla del río Aqueronte, ni aquel ser tenebroso resultaba ser Caronte, ni era el barquero de Hades. El monje de la máscara solo quería advertirme, ya que en mi viaje encontraría peligros a los que no todos saben combatir. Aquel cenobita no era hostil, sino un afable aliado que mostraba la senda correcta en un mundo devastado.

miércoles, 1 de marzo de 2023

Sobrenatural


 

Los bosques no quieren esconder su magia, sino que la muestran de par en par. Pero, como todas las cosas en esta vida, hay que saber mirar, consiguiendo distinguir lo insípido de lo asombroso, siendo esto último lo que nos suele llenar de admiración. Hay veces que, sin esperarlo, nos cruzamos con seres misteriosos, como surgidos de algún tipo de encantamiento. Ciertas criaturas gustan de mostrar su arcana belleza, entre densas arboledas de pálidos entornos, quizá mezcladas entre nieblas abrazadas al viento.

Una de tantas mañanas, ante mi desconcertada mirada, aquel unicornio blanco garbeaba con firme elegancia, indiferente a lo circundante, con paso lánguido y reposado, expandiendo su encanto interminable. El tiempo sucedía, impasible y certero, y en mitad de su recorrido me detuve a observar, con sólido asombro, aquella impresionante maravilla que quiso regalarme su presencia.


domingo, 26 de febrero de 2023

Siempre hay una salida


Quizá exista un miedo real a la negrura, cuando se instala tan cerca que nos envuelve. Es posible que los ecos inocentes de la noche se transformen en aullidos. El miedo puede ser tan innegable que no seamos capaces de avanzar. Pero siempre nace un destello que nos señala una salida.

Guía


 

Hasta en los lugares más sombríos, existe un guía portador de consejos que debemos seguir. Es una luz que centellea, aunque no siempre seamos capaces de distinguirla. Aparece entre la maleza, susurrando en el silencio, a campo abierto o incluso cerca de ti. Puede que la distingas o puede que ni siquiera la percibas, pero ahí está, esperando la aquiescencia. Y será entonces, cuando los caminos se iluminen, la oscuridad se desvanezca y las dudas se empiecen a diluir.

martes, 22 de noviembre de 2022

Noche


 

Por mucha negrura que nos amuralle, siempre habrá un destello al que acudir. Por muy fría que llegue la noche, siempre habrá un cobijo dispuesto a guarecernos. Con buena actitud y decisión firme, los inconvenientes comenzarán a deshilacharse antes de empezar a tirar del hilo.


Siempre adelante


 

Muchos serán los obstáculos que nazcan ante nosotros, 

pero nuestro camino es largo y debemos continuar.


Silencio


 

Aquí, la calma. A lo lejos, el mar. Mentiría si dijera que percibo el silencio, porque el crujir de las olas ya se encarga de omitirlo. Pero hay un reposo innegable que se funde con este extraño anochecer. La claridad se ha concentrado en un punto del celeste moribundo, al tiempo que los astros son vertidos sobre el agua, empañando su fondo iridiscente con la enorme colección de sombras del ocaso. El faro que sirve de guía a navegantes se apagó. Y cuando todo se vuelva oscuro, miraré a lo alto, admirando de nuevo la inmensa polifonía de los dioses.


Sueños


 

Los sueños pueden ser de lo más extraño, mezclando dosis de realidades vividas con ese fantasma de la imaginación que todos tenemos en alguna parte. El miedo, la intranquilidad, el desasosiego o la incertidumbre, son una ensalada de brisas que nos pueden abrasar sin compasión en un instante eterno. Pero no siempre hemos de padecer las inclemencias de los caprichos de Morfeo. En ocasiones - las más abundantes, quiero pensar - somos tan afortunados que nos levantamos sonrientes, tras un placentero viaje a lo desconocido, donde la luz resplandece, del cielo no cae la lluvia y los colores se manifiestan con alegría a nuestro alrededor. Soñar es bonito, a la par que fácil, y en ese estado encontramos la felicidad.

Deberíamos conocer el truco para dar forma a esos sueños en los que somos dichosos. 

domingo, 13 de noviembre de 2022

Hogar


 

Nacer y morir. Ambas cosas suceden siempre, sin excepción. Lo que surge, termina. Todo recorrido tiene su orilla, su cenit, su punto y seguido. Muchos piensan que la vida concluye sin más, cayendo por un abismo hacia la negrura del fin, pero más allá de la incertidumbre y del miedo, una luz aguarda la llegada de todos.

Silencio, amor y paz. Son, sin duda, tres de las sensaciones que abundan en aquellos que se sienten envueltos por brisas tranquilas exentas de aflicción. Colores inexplicables y estados inconcebibles arropan a los viajeros, en una vereda diluida entre brumas. Otra vida espera allende lo conocido. Atrás quedan los nuestros. Delante, nuestro hogar.

domingo, 6 de noviembre de 2022

El fin de la humanidad



 

Esa soledad buscada que a no pocos nos entusiasma, se podría convertir en una constante sensación de aislamiento, dadas las circunstancias que nos rodean. Si una guerra global estallase, en el mejor de los casos, el indeterminado número de supervivientes, quizá esparcidos por la geografía, caminaría sin rumbo, en busca de alguna esperanza a la que poder aferrarse. La sinrazón campa a sus anchas entre los poderosos, que usan sus redes de dominio para empujarnos a todos hacia el absoluto desastre. Pero no es cuestión de saber si sucederá, sino en qué momento reventará todo, porque llegará el día en que el cielo se cubra de rojo y una intensa luz abrase cualquier atisbo de vida.


domingo, 16 de octubre de 2022

Luz en el viento


 

Hasta el silbido más tenue se deshilacha con la marcha de las horas. La claridad desciende y el viento nace sin aviso. La luna contempla en calma los vestigios del ayer, escuchando la oración de aquel caballero errante, envuelto en la penumbra que a duras penas rompe un fanal de exigua llama.  Entonces, las plegarias resuenan y su eco retumba, recorriendo la inmensidad.

viernes, 12 de agosto de 2022

La Luz que nos guía


 

Viajar hacia la luz es algo que debemos hacer en la vida, sin esperar a nuestro último aliento. El resplandor que nos espera más allá de remotos horizontes no es más que una meta, y con firme anhelo y decidido ahínco, lograremos vernos envueltos por un brillo incandescente que nos guiará, por muchas penumbras que se ciernan a partir de ese instante.

sábado, 6 de agosto de 2022

Si vis pacem, para bellum


 

 

El escritor romano Vegecio, en su libro “Epitoma Rei Militari”, decía aquello de “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Y qué gran razón tenía, pues no hay nada como estar preparado para lo que pueda llegar. En estos tiempos, donde la confusión impera y nadie sabe cómo van cambiar las cosas de un día para otro, no viene nada mal especializarse en alguna forma de combate. Lo suyo es que estas artes se aprendan en edades jóvenes, para tener un gran recorrido al llegar a la edad adulta, pero nunca es tarde para aprender.

lunes, 1 de agosto de 2022

Escapando al mundo de los sueños


 

No es descabellado pensar que mucha gente recurre a los sueños para escapar de este mundo. Vivimos una época cincelada por la hecatombe, y no son pocos los que se saben acabados. Por los motivos que la mayoría conocemos, nuestras vidas comenzaron a empeorar hace ya algún tiempo, cuando unas élites dictatoriales dejaron caer sus caretas tras embobar con patrañas a sus reses. Aquellos que pregonaban a los cuatro vientos un bienestar para todos, acabaron convirtiendo en un podrido cenagal todo en lo que aún creíamos. Y un día, lo que algunos valientes se atrevieron a profetizar, terminó ocurriendo.

Frente al caos y la desesperanza, el destino manchado de engaños y el vacuo futuro sin perspectivas, muchos optaron por refugiarse en sus propios sueños, ya que eran las únicas anclas que el Nuevo Orden no podía controlar. La gente dormía e imaginaba todo aquello que ya no sentiría jamás en sus vigilias, siendo los únicos instantes de paz a los que asirse.

El futuro que viene


 

Cuántas películas habremos visto de catástrofes irremediables, donde la humanidad se ha de buscar la vida hasta en los sitios más cochambrosos. Me vienen varios títulos a la mente en este instante, y todas esas historias coinciden en que nuestro porvenir no tiene ninguna buena pinta ni siquiera a largo plazo. Según esas cintas, el mundo llegará a colapsar de tal manera que todo lo que acabe rodeándonos será irreversible, y la vida, tal y como la conocíamos, nunca será igual. Las comodidades a las que no damos la más mínima importancia serán recuerdos dolorosos, de una intensidad lo suficientemente fuerte como para hacer llorar de desesperación a cualquiera. Sentarse cómodamente a ver las mentiras de la televisión, con un refrigerio cerca y los pies en alto, al fresco de un ventilador o con el calor de una buena estufa, desaparecerán. Ir a comprar a la tienda de alimentación y llenar la cesta de, quizá, caprichos, no será algo que podamos hacer de nuevo. El mundo caerá como tal, y el confort que no valoramos acabará desapareciendo. Y todo esto por la mala gestión de unos pocos que, eso sí, mantendrán una serie de privilegios que el resto ni oleremos. Por culpa de esos que no supieron, o no quisieron, hacer las cosas bien, nuestro mundo será un aciago páramo devastado. Los errores de aquellos que quisieron hacer de la política su estandarte personal, son los que nos van a llevar a un cataclismo del que solo los más fuertes podrán escapar. 

O no.

¿Llegarán los extraterrestres a tiempo?


 

No se puede negar que estamos viviendo tiempos convulsos. Todo el mundo tiene algo de lo que quejarse, y la mayoría de nosotros soportamos esa piedra inmensa sobre nuestras espaldas que nos hunde cada vez más en el fango. Los países tienen sus propios demonios, pero aquí, en España, padecemos el infierno cruel que avanza sin reparos. Y después de vivir una pandemia, un secuestro masivo, una crisis que no tiene pinta de acabar, unas históricas nevadas, volcanes castigando con su magma, incendios que lo arrasan todo, sequías angustiosas, etc., solo falta ya una invasión extraterrestre (aunque ya estemos acostumbrados a las invasiones) y que nos caiga un pedrusco del espacio. 

Y, francamente, no me sorprendería nada que algo así sucediera.

Pero me pregunto si llegarán a tiempo.

miércoles, 20 de julio de 2022

La Libertad


 


La libertad no debe ser solamente una sensación. La libertad es un derecho que todo ser debe tener, siempre y cuando se cumplan unas normas básicas. Porque “libre” no significa hacer lo que a uno le de la santa gana, donde quiera y cuando quiera, ya que una sociedad planeada sobre la anarquía nos llevaría a un caos mayor del que el mundo vive ya. Estamos en mitad de tiempos convulsos, y la gran mayoría de la gente está llegando a una clara conclusión: Hace falta un correctivo severo contra todos aquellos que se creen por encima del resto, haciendo de las suyas bajo una capa de impunidad.
La libertad es algo preciado que, cuando se tiene, no se valora. Y son muchos, por desgracia, que, en lugar de estimar la importancia de tamaño albedrío, se dedican a propagar sus maldades, colmando de cataclismos todo cuanto nos rodea. Nuestra vida puede verse embestida brutalmente con las crueles llamas que devoran todo, esparciendo el horror a través de montañas y dejando tras de sí una árida estampa de dolor. Los incendios que arrasan ahora España son fruto de varias causas, entre ellas, la más profunda vileza de quienes buscan con ansia enferma producir el peor de los daños.
España arde, y contemplamos con pavor el avance de un infierno que arranca de cuajo toda vida que envuelve entre sus llamas.
La libertad no puede estar disponible para aquellos que provocan esta hecatombe. Para ellos no. Solamente debería haber un castigo para semejantes bestias: Ley y Orden; puño de hierro.

Las vacas viajeras


 Las vacas del pueblo ya se han “escapao”. Así rezaba una canción que sonaba tiempo atrás. Y es que las vacas de hoy no aguantan a nadie (y no me extraña) A la primera de cambio, se agencian un billete de tren y se van de excursión.

lunes, 18 de julio de 2022

Luz mágica


 

     La luz que en ocasiones brilla, puede ser producto de la magia. Durante el día no valoramos el esfuerzo que hacen algunas luces por hacerse notar, pues el sol inunda todo con su vasta claridad, al tiempo que los lejanos y diminutos fulgores intentan destacar en un abismo incandescente. Pero en horas de descanso, cuando el astro comienza a yacer en la distancia, nacen los destellos que tornasolan en el preludio de la noche.  

domingo, 17 de julio de 2022

La puerta del bosque


     Si la noche te acorrala en mitad del bosque, busca refugio. Nunca sabes cuándo vas a tener que soportar una tormenta, una lluvia, el calor traicionero de un verano abrasador o la más fría noche de invierno. Intenta caminar en línea recta y buscar los caminos o los ríos, atento a cualquier brizna de civilización. Todo puede valer para guarecerse, excepto si te hallas ante una solemne puerta de piedra que ni abre ni cierra, justo ahí, delante, inerte e impasible al pasar de los años. La puerta descansa sobre un lecho de hierba, rodeada de un silencio que avanza en la oscuridad. Esa puerta es un signo, un aviso, una marca en tu camino. Las criaturas de la noche acechan y el tiempo se acaba. Encuentra cobijo cuanto antes. Resguárdate de lo desconocido y evita pronunciar palabra, porque los ancestrales demonios comienzan a acechar.


martes, 31 de mayo de 2022

Esta noche


 

Esta es una de esas noches donde el sueño no nace, no crece ni despliega sus alas. Esta es una noche de insomnio, de no poder quedarse tumbado, ni siquiera recostado en busca de una cómoda postura. Esta noche invita a pasear, bajo unas estrellas cada vez más turbias, por calles envueltas en reflejos tras lluvias pasajeras. Esta noche se siente el silencio, el aislamiento, la lejanía. Esta noche no se duerme, mientras la ciudad, tímida y afónica, se vuelve impasible.


Noche cerrada


 

Cayó la noche, sin apenas darme cuenta, y el frío se levantó con ganas. Las luces artificiales resplandecían, indecisas, como pensando si les merecía la pena romper por la mitad la oscuridad. Ya se empezaba a sentir un tráfico menos denso, y la gente ya era escasa en aquellas calles. El sonido eléctrico de los neones se sumaba al de algunas puertas al cerrar, y todo se convertiría, en un breve espacio de tiempo, en un páramo de penumbra y soledad.


Prepárate.


 

Nada hace más impredecible al ser humano que aquella preparación que le avala, en circunstancias de peligro. Las personas, por regla general, no se suelen preocupar por aquello que le rodea, y no tiene nociones básicas de una conciencia situacional que pueda salvarle la vida en un momento dado. Saber cómo utilizar en beneficio propio todo aquello que tenemos alrededor, es una enorme ventaja. Y para llegar a ese punto, es necesario un entrenamiento físico y mental. Las artes de combate son una herramienta esencial en esta vida, cada vez más complicada, al igual que el adiestramiento interior. Saber cómo reaccionar en condiciones hostiles, aprovechando las habilidades adquiridas, resulta ser primordial.

Vamos derechos a un nuevo mundo, lleno de amenazas, y de una inseguridad nunca vista. La supervivencia tendrá un significado vital para todos, y solamente aquellos que se hayan preparado tendrán más opciones de perdurar en este planeta abocado al caos.


miércoles, 30 de marzo de 2022

Luces de Japón


 

Con lo que cuesta el recibo de la luz, actualmente, no quiero ni pensar lo que supondría rascarse el bolsillo para acometer los gastos de una sola calle de Japón. Aquello es una feria de bombillas, se mire donde se mire, y hasta los coches llevan su propio alumbrado en sus bajos. No es fácil detener la mirada en un solo punto, por mucho que nos resulte chocante, porque al instante, irremediablemente, se nos va la vista a otro lugar del panorama.

En España no tenemos ese despliegue lumínico, afortunadamente, porque, conforme está el patio, las facturas ascenderían a la estratosfera. A este paso, vamos a tener que agenciarnos unas antorchas para ver por dónde pisamos, porque ya es insostenible lo que cuesta este despropósito.


domingo, 27 de marzo de 2022

Fin


 

Si llegase el fin del mundo, de la mano de la guerra, o incluso por la llegada de alguna roca viajera, o porque la tierra así lo decida, que no nos pille solos. Si tuviéramos que sufrir la condena de la extinción, que al menos estemos junto a los nuestros. Ese instante último, ese cerrar de ojos, ese abrazo de cariño y miedo a partes iguales, que nadie nos lo pueda negar. Pero si ese deseo, esa necesidad, nos fuese prohibida, que nuestro último recuerdo sea la sonrisa de quienes amamos, los momentos vividos con ellos, el calor de sus manos y el color de sus miradas.

Ojalá que nunca tengamos que padecer semejante sufrimiento.

viernes, 25 de marzo de 2022

El zorro y la mariposa


 

El zorro se acercó con sigilo, para no molestar. Pensó que la educación estaba ante todo, y se limitó a contemplar la belleza de un ser que irradiaba una luz hechizante. El bosque enmudeció tras las últimas gotas de lluvia, y el silencio parecía haberse coronado como rey de los entornos. La mariposa, extraña y fascinante, desprendía esa calma que todo ser necesita alguna vez. Hipnótica y  delicada, lograba ser el centro de atención del lugar, y el zorro, ensimismado ante aquella refulgente perfección alada, quedó preso de un encantamiento.  


miércoles, 23 de marzo de 2022

Chocolate con churros


 

Entras allí, en un lugar no mucho más grande que una estancia comedida; un aposento agradable y confortable que convida al recogimiento. Dejas la lluvia al otro lado de la puerta, que se cierra con parsimonia al tiempo que el agua se queda sobre el piso en forma de huella. Y un aroma a chocolate y churros hace que nuestro deseo se centre en una sola cosa: un grato ágape que servirá de merienda, dadas las horas.

Neones



 

Esas calles inundadas de luz, parecen indicar que todo se fundirá de un momento a otro. Pero esa luz se mantiene, fulgurante, casi cegadora, mostrándose en mitad de un sombrío mundo que cae a pasos agigantados. Esa luz, como una guía que encauza a los más lejanos, centellea ante nosotros, y nos dice, por lo bajo, que mientras le queden fuerzas, seguirá resplandeciendo para vencer a la oscuridad.


viernes, 24 de diciembre de 2021

Un año más


 

Está a punto de desaparecer otro año. A veces no somos conscientes de lo rápido que sucede la vida, pero, si nos detenemos por un instante en meditar sobre este asunto, quizá caigamos en la cuenta de que no aprovechamos bien nuestro paso por la tierra.

Ocupamos demasiado tiempo en nimiedades, y lo que es peor, en amargarnos con cuestiones que solamente nos ofrecen disgustos. Pelearnos con los demás, alterarnos, avinagrar nuestro carácter con situaciones de las que deberíamos pasar… Creo firmemente que es hora de aprender a tomarse las cosas de otra manera, aunque ya nos pille mayores. El saber no ocupa lugar, y lo más bonito de todo esto es que si nos centrásemos en lo que verdaderamente importa, todo iría mucho mejor. Y habrá quien pregunte: “¿ Y eso cómo se hace?”… Pues, simplemente, disfrutando de esas cosas a las que normalmente no damos importancia, pero que están ahí para nosotros. Disfrutar con nuestra familia, con nuestros amigos de verdad, incluso con aquellos conocidos que, de una u otra forma, están cosidos a nuestro camino. Disfrutar de las buenas charlas en directo, de los paseos, de los amaneceres, sin tanta pantalla de móvil u ordenador, a las que parece que estamos pegados. Disfrutar del silencio de un bosque, del frescor de la orilla del mar, del aroma de la lluvia, del último rayo de sol. Gozar con la mirada limpia de un perro, con los ronroneos de un gato, con el canto de las aves, con el eco de nuestra voz.  Una cálida compañía, una taza de té, el crepitar de la chimenea en invierno, o las horas de más que nos regala el verano. Son tantas las cosas que nos rodean, que deberíamos dar las gracias por tanta belleza. Y las tenemos ahí, al alcance de la mano, pero no siempre las tenemos en cuenta.

Los años se van, y ahora, en este páramo que han convertido nuestra existencia, esperaremos la llegada de un nuevo período que, ojalá, comience a arrojar algo más de luz, y poder ir dejando atrás las alargadas sombras de quienes decidieron volcar su herrumbre sobre todos.


jueves, 23 de diciembre de 2021


 

Conduciendo sin destino prefijado, deseas que la vida te lleve hasta alguna buena sorpresa, siempre agradable, capaz de alegrar el día. La carretera es solitaria, y nadie se asoma por ninguna parte. Creer en algo más allá de nuestras fronteras, suele ofrecer el entusiasmo por contactar con alguna de esas célebres naves que, de vez en cuando, se dejan ver en ciertos puntos del mundo. Y no estaría nada mal poder comprobar que son reales, siempre que, claro está, vengan sin ganas de armarla.

En lugar de eso, conduces tranquilamente y, de pronto, te encuentras con una enorme naranja en mitad del asfalto. Si sales del camino podrás rodearla, pero te sientes tan atónito que ni te planteas moverte del sitio. Nada sale de ella, permaneciendo inmóvil, como disecada. No hay hombrecillos grises ni luces extrañas. Solamente una gigantesca fruta en mitad del camino que obstaculiza tu viaje. 

Al menos, si la cosa se eterniza, zumo no te faltará. Hay que ser optimista. 

Coco